Fundamentos

La Arquitectura de la Información no es una disciplina nueva ni exclusiva de la web. Tiene raíces en la biblioteconomía, la lingüística y la teoría de la comunicación. Lo que sí es propio de la web es la escala y la velocidad a la que los problemas de organización del conocimiento se manifiestan: un sitio puede publicar cientos de páginas en pocos meses, y si no hay una estructura que las sostenga, el resultado es un almacén sin estanterías. Entender qué es la Arquitectura de la Información y cuáles son sus componentes fundamentales es el primer paso antes de tomar cualquier decisión sobre cómo organizar un sitio.

Uno de los errores más frecuentes en la práctica es confundir dos sistemas de organización que tienen naturalezas distintas: la jerarquía y la taxonomía. La jerarquía define dónde vive un contenido dentro de la estructura del sitio; la taxonomía describe los atributos de ese contenido para permitir su clasificación y filtrado. Saber cuándo usar cada uno, y cómo combinarlos sin mezclarlos, es una de las habilidades centrales de la disciplina. La diferencia entre jerarquía y taxonomía, con ejemplos concretos y criterios de decisión, es el segundo pilar de esta sección.

El tercer elemento que define una arquitectura es la naturaleza del contenido que alberga. Un blog, un catálogo de productos, un sistema de formación o una colección de documentación técnica no son lo mismo: tienen estructuras distintas, lógicas de URL distintas, ciclos de vida distintos y relaciones con las taxonomías distintas. Tratar todos los contenidos como si fueran del mismo tipo es uno de los errores que más deuda técnica genera. Los tipos de contenido web, sus características y cuándo usar cada uno cierra los fundamentos con la mirada puesta en la práctica.